Unión, Consagración, Fidelidad.

LA CONFESION AURICULAR

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LA CONFESIÓN AURICULAR CONTRARIA A LAS SANTAS ESCRITURAS

Con toda convicción afirmamos que Las Sagradas Escrituras, son La Palabra de Dios revelada a los hombres; son el testimonio imperecedero de Cristo Jesús, nuestro Bendito y Suficiente Señor y Salvador Jesucristo. Son la fuente de la Vida Eterna, al encontrar en ellas “El camino, la verdad y la vida”, es la verdad que santifica y regenera al pecador,   San Juan 14.6, 17.17.

Nuestra Confesión de Fe dice en su Capítulo 1 “Aunque la luz de la naturaleza y las obras de creación y Providencia manifiestan la bondad, sabiduría, y poder de Dios, de tal manera que los hombres quedan sin excusa ( Rom. 1.19-20,32;   2.1,14-15, Sal. 19.1-3) sin embargo no son suficientes para dar aquel conocimiento de Dios y de su voluntad que es necesario para la salvación; 1Cor.1.21, 2.13-14, por lo que plugo a Dios en varios tiempos y en diversas maneras revelarse a sí mismo y declarar su voluntad a la Iglesia Heb.1.1, y además de conservar y propagar mejor la verdad y para el mayor consuelo y establecimiento de su Iglesia contra la corrupción de la carne, malicia de Satanás y del mundo, le plugo dejar esta revelación por escrito, Luc1.3-4, Rom. 15.4, Isaías 8.20, Ap.22.18, por todo lo cual Las Santas Escrituras son muy necesarias, 2Tim.3.15, 2 Pedro 1.19 y tanto más que han cesado ya los modos anteriores por los cuales Dios se reveló su Voluntad a la Iglesia. Heb. 1.1-2.

A ellas pues recurrimos en toda controversia religiosa, como el único juez infalible; y cuando queremos asegurarnos de las doctrinas esenciales de la fe, encontramos en ellas, la Voluntad de Dios, absolutamente compresible a las mentes más humildes.

Por otra parte, es necesario hacer comprender a quienes buscan la verdad, que el Ministerio de esta Palabra, nos es dado por llamamiento interno del Espíritu Santo de Dios y no por sucesión sacerdotal infalible: de aquí que sintamos por influencia del mismo Espíritu Santo, profundo interés por predicara los hombres la verdad, obedeciendo la consigna “Luc 3:5 Todo valle se henchirá, Y bajaráse todo monte y collado; Y los caminos torcidos serán enderezados, Y los caminos ásperos allanados.” Lucas 3.5.

“La confesión auricular” es uno de tantas falsas doctrinas que obstruccionan el camino recto del Señor, que es necesario quitar, para que este quede aparejado. Es una práctica errónea que aleja a los hombres de Dios llevándolos por vericuetos que de paso los aparta del camino perfecto del Señor. Es un elemento constituyente en el invento de la penitencia que fue elevado a la categoría de “Sacramento” por el clero romanista en los concilios de Florencia en 1439, y de Trento en 1562, sin embargo, analizando los elementos que constituyen un sacramento, concluiremos que infundadamente se ha catalogado la penitencia como tal.

Mucho podemos decir con tan sobrado fundamento sobre la falsedad de la confesión auricular, pero ahora solamente queremos referirnos a su contraposición con las Sagradas Escrituras; pero antes de seguir adelante, queremos hacer unas preguntas importantes:

¿Cuál es el objeto de la Confesión auricular?

¿Es acaso para cumplir con el ministerio de la intercesión, invitando al confesor o al penitente doblar sus rodillas ante Dios y derramar su alma con la angustia del peso de sus pecados en actitud de sincero arrepentimiento?

¿Se abriga el confesor facultades que no tiene como se puede probar más adelante?

¿Puede sancionar la condición pecaminosa del penitente sea en pro, en contra del afectado?

La Palabra de Dios dice en Marcos 2:7 Decían: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino solo Dios? Esta conclusión la hicieron los fariseos que rodeaban al Señor Jesús en ocasión de la curación del paralitico de Capernaum; y el Señor respondió: “Pues para que sepáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra de perdonar los pecados, (dice al paralítico): A ti te digo: Levántate, y toma tu lecho, y vete á tu casa”. Marcos 2.10-11, y realizó el milagro en presencia de todos para certificar su potestad de perdonar. Cuando nosotros, fundados en aquel auditorio que no erró en decir que ningún pecador no tiene la autoridad de perdonar pecados, ratificamos el dicho de aquel auditorio que se fundó en Daniel 9.9, Miqueas 7.18, Salmo 103.3 y con todo desplante nos contestan, cuando a los confesores nos referimos, con el mismo dicho del Señor, es decir, “El Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra de perdonar pecados” adjudicándose el título “Hijo del Hombre” los impostores confesores, a sabiendas que dicho título los usó el Señor para darse a conocer a quienes nunca aceptaron que se titulara Hijo de Dios, y cuando alguna criatura, invocando facultades humanas “infalibles” se apropia tal nombre, se hace reo de falsedad y mentira.

Ahora podemos entrar a hacer algunas consideraciones sobre lo que la Escritura dice acerca del perdón de los pecados y esto sin duda alguna nos ilustrará para entender que la llamada confesión auricular no tiene fundamento bíblico.

Salmo 103.2,3. Bendice, alma mía, á Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. El es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias. Dios es el que perdona todos los pecados y no delega ni total, ni en parte sus derechos a hombre alguno. El, Dios es el que perdona, y ante El hay que confesar nuestros pecados. El es el único revestido de misericordia para perdonar.

Daniel 9.8,10. Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes, y de nuestros padres; porque contra ti pecamos. Y no obedecimos á la voz de Jehová nuestro Dios, para andar en sus leyes, las cuales puso él delante de nosotros por mano de sus siervos los profetas. Conocemos entonces directamente que pecamos contra El, contra El nos rebelamos, y es El, el único quien tiene el derecho absoluto de perdonar. Muchos penitentes tienen que señalar con índice de fuego al confesor, quien por una trivialidad que ofendió, no a Dios, si no su criterio personal, lo despidió con el dardo venenoso y punzante de la excomunión.

Isaías 43.25. Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí; y no me acordaré de tus pecados. Este pasaje nos muestra la inmensidad del amor de Dios y su compasión, que por supuesto está muy lejano a las vanas exigencias humanas para perdonar, como el sacramento de la penitencia, Salmo 86.5, si Dios solo desea que el hombre lo invoque para decirnos : no me acordaré más de tus pecados.

Éxodo 34:6, 7. Y pasando Jehová por delante de él, proclamó: Jehová, Jehová, fuerte, misericordioso, y piadoso; tardo para la ira, y grande en benignidad y verdad; Que guarda la misericordia en millares, que perdona la iniquidad, la rebelión, y el pecado, y que de ningún modo justificará al malvado; que visita la iniquidad de los padres sobre los hijos y sobre los hijos de los hijos, sobre los terceros, y sobre los cuartos. El testimonio de Moisés, marca claramente el amplio y exclusivo derecho de Dios para oir y juzgar el pecado humano sin limitación de tiempo ni de condición.

Isaías 1:18 Venid luego, dirá Jehová, y estemos á cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos: si fueren rojos como el carmesí, vendrán á ser como blanca lana. Este pasaje bíblico no deja camino para el invento romanista, la razón es que, es Dios quien dice “Venid y estemos a cuenta” ¿Quiénes y cuándo? Los pecadores, cuando sintiendo arrepentimiento de nuestras maldades por el Espíritu Santo. También Isaías 55.7.Deje el impío su camino, y el hombre inicuo sus pensamientos; y vuélvase á Jehová, el cual tendrá de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio en perdonar. Dos cosas se presentan en esta invitación: vuélvase a Jehová y encontrará misericordia, vuélvase y encontrara amplio perdón.

Jeremías 31:34 Y no enseñará más ninguno á su prójimo, ni ninguno á su hermano, diciendo: Conoce á Jehová: porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande, dice Jehová: porque perdonaré la maldad de ellos, y no me acordaré más de su pecado. Otra testimonio más para quedar convencidos de que Dios no delega a nadie sus derechos de perdonar o castigar el pecado de sus criaturas.

Juan 1:29 El siguiente día ve Juan á Jesús que venía á él, y dice: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Este siervo de Dios hizo alusión a nuestro Señor Jesús como el único Ser que puede perdonar pecados, al ser el Verbo encarnado, Emmanuel, Dios con Nosotros. Juan Bautista enseñó la necesidad de hacer frutos de arrepentimiento, como una evidencia de la limpieza de pecados, y no para alcanzar esta.

Hechos 2.37,38. Entonces oído esto, fueron compungidos de corazón, y dijeron á Pedro y á los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos? Y Pedro les dice: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. El apóstol Pedro, después de pronunciar el Plan de Dios para la salvación en Cristo y de ver la respuesta de los oyentes, aconsejó a su auditorio a arrepentirse de sus pecados ante Dios por medio de Cristo, jamás optó por enseñarles que a él debían confesarlos, como “sucesor de Cristo” como la Iglesia Romana lo afirma y del cual confirman tener sucesión los Papas. Sostenemos aun con mayor firmeza lo anterior con Hechos 3.19. Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados. Hechos 4:12 Y en ningún otro hay salud; porque no hay otro nombre debajo del cielo, dado á los hombres, en que podamos ser salvos, indicando sin temor alguno que solo en Cristo podemos ser salvos y esto por supuesto porque El nos perdona y nos declara justos delante del Padre. Hechos 5.30-31. El Dios de nuestros padres levantó á Jesús, al cual vosotros matasteis colgándole de un madero.   A éste ha Dios ensalzado con su diestra por Príncipe y Salvador, para dar á Israel arrepentimiento y remisión de pecados. Pedro vuelve a afirmar que solo Cristo remite pecados. Cuando aconseja a Simón el mago lo orientó de igual manera Hechos 8:22. Arrepiéntete pues de esta tu maldad, y ruega á Dios, si quizás te será perdonado el pensamiento de tu corazón. Cuando habló del Evangelio en casa de Cornelio hace la misma declaración: Hechos 10:43 A éste dan testimonio todos los profetas, de que todos los que en él creyeren, recibirán perdón de pecados por su nombre. Jamás vemos a las multitudes de judíos y gentiles hacer uso de la Confesión auricular como un medio para ser perdonados, al contrario Pedro les enseñó el Camino correcto a seguir.

Después vemos al Apóstol Pablo en su predicación, enseñando exactamente lo mismo. Hechos 16:31 Y ellos dijeron: Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo tú, y tu casa. Mostrando que para ser perdonados solo se necesita creer, confirmando esta enseñanza años más tarde a los Efesios, 2.8-10 porque por gracia sois salvos por la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios:   No por obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura suya, criados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó para que anduviésemos en ellas. Luego entonces ¿La salvación es un regalo? ¿Hay necesidad de hacer algo para adquirirla? Por s puesto que no. Las buenas obras son testimonio de nuestra fe en Cristo, pero no para ser salvos. A más de esto, el apóstol en mención, se ocupó de enseñar a los hebreos que el Único Sacerdote que el pecador necesita para que sus pecados sean expiados es Cristo. Hebreos 7.24-28 Y los otros cierto fueron muchos sacerdotes, en cuanto por la muerte no podían permanecer. Mas éste, por cuanto permanece para siempre, tiene un sacerdocio inmutable: Por lo cual puede también salvar eternamente á los que por él se allegan á Dios, viviendo siempre para interceder por ellos. Porque tal pontífice nos convenía: santo, inocente, limpio, apartado de los pecadores, y hecho más sublime de los cielos; Que no tiene necesidad cada día, como los otros sacerdotes, de ofrecer primero sacrificios por sus pecados, y luego por los del pueblo: porque esto lo hizo una sola vez, ofreciéndose á sí mismo. Porque la ley constituye sacerdotes á hombres flacos; más la palabra del juramento, después de la ley, constituye al Hijo, hecho perfecto para siempre. Si no fuera así, entonces por demás murió Cristo.

El apóstol Juan también habla al respecto: 1 Juan1.9. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para que nos perdone nuestros pecados, y nos limpie de toda maldad.2.1-2, Hijitos míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, á Jesucristo el justo; Y él es la propiciación por nuestros pecados: y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo. ¿Quién es nuestro Abogado ante el Padre? Yo no veo por ningún lado, la palabra Papa, ni sacerdote o padrecito, como los romanos les llaman.

Ante estas aseveraciones, no tenemos más que decir, LA CONFESION AURICULAR es una falsedad, una práctica errónea a la cual declaramos nuestra más incontrovertible oposición, porque la confesión auricular mengua dimensionalmente el amor de Dios.

Amados hermanos, demos gracias a Dios porque nos sacó de las tinieblas a su Luz Admirable por medio de su Preciosa Palabra, nos fueron arrancadas las cadenas del error, si reconoces que el Único Intercesor, Mediador, Abogado es Cristo Jesús nuestro Salvador, reconoce también la responsabilidad de enseñar a otros esta maravillosa verdad. Solo Cristo puede remitir verdaderamente los pecados y de forma completamente gratuita, pues el precio ya lo pagó con su muerte en la cruz.

 

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